El buscador que no quiere encontrar.

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A la hora de realizar una búsqueda, las personas que participan en la misma han de encontrarse en perfectas condiciones físicas; es una afirmación obvia que nadie discute. No basta que tenga un tono físico adecuado, sino que ha de cuidarse ya que si va de empalmada, con resaca u otras circunstancias que disminuyen su capacidad de atención y trabajo, todo el mundo comprende que esa persona no está en condiciones de participar eficazmente en una búsqueda.

Sin embargo, existe otro condicionante individual que afecta a las personas durante una búsqueda y que es muy difícil de evaluar. Es el factor psicológico y emocional de la persona que quiere colaborar en una búsqueda. Es un factor tremendamente complicado que puede involucrar sensaciones contradictorias difíciles de aceptar por quien lo siente.

En principio nadie duda que quien se compromete a participar en la búsqueda de una persona desaparecida, lo hace para aportar lo mejor que tiene, todo su esfuerzo y concentración. Ello implica que las personas que participan en esa actividad han de ser honestas consigo mismas. Esto es muy importante ya que no basta con la buena voluntad y el deseo de colaborar para realmente participar eficazmente en una búsqueda.

Pero ¿Qué quiere decir esto de ser honesto consigo mismo? Quiere decir que es necesario conocerse bien internamente, tanto física como psicológicamente. Y si se percibe que si no se está en condiciones optimas, involucrarse solo en aquello que se sea capaz de afrontar.

Al buscar a alguien podemos encontrarnos ante escenas que nos generen un gran impacto psicológico: como por ejemplo encontrar un cuerpo fallecido, o mutilado, o que sufre grandes daños o encontrarnos ante escenas difíciles de digerir. Y nuestra mente, de una forma interna, sabe lo duro que puede llegar a ser. Es más, por mucha experiencia que tengamos, las innumerables emergencias en las que hayamos participado o escenas que nos hayamos encontrado, nuestra mente ha de afrontarlas cada vez en buenas condiciones. Cada día es distinto y puede sucedernos que nuestro inconsciente sepa internamente que ese día no estemos preparados para asimilar lo que podamos encontrarnos, por infinidad de circunstancias de la vida o personales, y por ello trata de protegernos de los terribles efectos psicológicos y anímicos que podríamos sufrir si nos topamos con algo de este estilo.

Así que aunque de forma aparente trabajamos como siempre, y en nuestra cabeza estamos pensando que lo hacemos todo bien, en realidad la parte profunda de nuestra mente nos retiene y trata de evitar que nos involucremos a tope. Por ejemplo, si tenemos que mirar en un árbol echamos un vistazo en vez de dedicarle tiempo a comprobar bien todas las ramas y demás, o si tenemos que mirar la base de un barranco, lo miramos desde cierta distancia en vez de comprobar bien todo. Aparentemente estamos haciendo un buen trabajo, pero nuestra mente nos frena inconscientemente, puesto que sabe que si nos encontramos cierta cosa ese día es posible que no seamos capaces de afrontarlo y herirnos emocionalmente. Es en esa situación cuando no encontramos ante el fenómeno de: “el o la buscadora que no quiere encontrar”.

Por ello es importante que si ese día notamos que, por lo que sea, no nos sentimos con la capacidad emocional de afrontar lo que sea, seamos honestos y podemos pedir colaborar en otras actividades que aportan a la búsqueda, en la que podamos darlo todo, y que no nos suponga un problema emocional.

Y si nos topamos ante escenas fuertes, y aunque creamos que lo hemos llevado bien, no dudemos en hablarlo con alguien de confianza para ayudarnos a sobrellevarlo. O incluso pedir ayuda profesional, si lo vemos necesario. Los posibles problemas psicológicos generados de vivir situaciones fuertes no tienen porque surgir inmediatamente, sino que pueden surgir con el tiempo, poco a poco o también por la acumulación de situaciones duras. Tengamos cuidado y busquemos la forma de gestionar esas emociones para evitar que nos hagan daño, no solo ahora sino en el futuro.

Cuidemos de nosotros mismos tanto como nos preocupamos de encontrar a la persona desaparecida.


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