El cansancio durante las emergencias.

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EL CANSANCIO, EL AGOTAMIENTO.

La definición médica de cansancio es: una sensación subjetiva de falta de energía física o intelectual, o de ambas. De entre los distintos síntomas, conviene tener en cuenta que la somnolencia no tiene por qué estar asociada estrictamente al cansancio, aunque en situaciones pueden parecerse, sino que puede generarse por aburrimiento o realización de tareas monótonas.

Cuando el cansancio llega a ser excesivo se considera que aparece el agotamiento, que es cansancio extremo. Hay que considerar siempre que el cansancio, y en algunos casos el agotamiento, es una respuesta normal tras un esfuerzo físico, una tensión emocional o por carencia de sueño. Cuando aparece el agotamiento, entre sus efectos más representativos suele estar la apatía, lo cual suele significar cierta despreocupación hacia la tarea que se está realizando.

El aburrimiento o los trabajos monótonos son también causa posible de aparición de cansancio, más mental que físico.

En cualquier actividad que realizan las personas que participan en emergencias, el cansancio aparece tarde o temprano. Lo que hay que evitar por todos los medios es que los intervinientes lleguen al estado de agotamiento.

La sensación de cansancio lleva implicada una disminución de la atención, de la capacidad de la concentración, de soportar la realización de tareas exigentes, de prestar atención a los detalles y de realizar tareas complicadas. Esto se puede significar que se den cosas por sabidas, obvias o hechas, o se produzcan descuidos que pueden llegar a tener consecuencias graves.

Por lo tanto, una persona que está cansada no realiza las tareas de igual manera que una persona que no lo está. Cuando el cansancio comienza a estar claramente presente, hay que considerar siempre que dicha tarea puede que no se realice correctamente, pudiendo implicar un riesgo importante para la persona y las que le rodean. No es extraño que las tareas que han sido realizadas por personas muy cansadas o presas del agotamiento tengan que ser repasadas o incluso repetidas.

Si las personas están convenientemente entrenadas, en las primeras fases del cansancio esto no implica una disminución apreciable de la capacidad de realización de tareas o concentración. Sin embargo, se llega a un punto en que es conveniente que esa persona sea relevada y descanse.

El problema principal para detectar ese momento es que el cansancio es una sensación personal y subjetiva, con lo que cada individuo tiene una percepción diferente de la misma. Esta percepción depende del entrenamiento físico y mental, la capacidad de sufrimiento, el estado de salud y anímico previo (enfermedades o preocupaciones) y del conocimiento personal de cada persona de sus límites. Por desgracia, un factor importante en la percepción del cansancio es el orgullo personal, ya que muchas personas no reconocen su cansancio por no parecer menos que nadie, y esto les suele llevar a realizar esfuerzos excesivos sin la condición adecuada.

La única forma de evitar que el cansancio se convierta en agotamiento es descansar y alimentarse e hidratarse convenientemente. Esta necesidad suele parecer como algo negativo durante una emergencia, donde la opinión extendida es que ha de trabajarse a tope sin descanso. Esto se ha demostrado como un grave error, ya que cuando las personas que trabajan en emergencias están excesivamente cansadas, cometen una mayor cantidad de errores, no evalúan convenientemente los riesgos, aumentando la probabilidad de accidentes, así como muy habitualmente es necesario repetir o repasar el trabajo realizado por otra persona, lo cual es un desperdicio de tiempo y recursos.

Si quienes participan en emergencias suelen trabajar juntos, se conocen y son capaces de detectar el estado de cansancio de sus compañeros, además de tener la confianza suficiente para sugerirle que descanse sin que nadie se sienta ofendido. En cambio, las personas que no suelen trabajar juntas no son capaces de detectar el cansancio en sus compañeros hasta que este es palpable, y siempre existe la reticencia a expresarle la necesidad de que descanse, por miedo a ofenderlos. Además, no es extraño que se tenga miedo a expresar la necesidad de descansar, por miedo a que le consideren vago o flojo y que el resto de compañeros puedan pensar que se quiera escaquear del trabajo.

Lo ideal sería inculcar una cultura de respeto mutuo, de conocimiento personal de los límites, y que cuando alguien exprese su deseo de descansar esto no sea causa de comentarios o reproches, ya que a la larga es mejor disponer de personas en plenas condiciones que de personas cansadas que sobrepasan sus límites por miedo al qué dirán.

De todas maneras, la mejor forma de trabajar es que se organice un sistema de trabajo en que los equipos descansen periódicamente, antes de llegar a sentir un nivel de cansancio alto. El sistema más eficaz es rotar a los equipos (no a los individuos) de sus tareas que sean sustituidos por otros, que descansen físicamente, se alimenten e hidraten convenientemente para poder volver al trabajo en plenas condiciones físicas y mentales.

Otro factor muy importante a tener en cuenta a la hora de realizar cualquier tarea es que la capacidad de trabajo no ha de medirse solo según la posibilidad de llegar al punto del incidente, sino que han de poder realizarse las tareas necesarias de forma conveniente y de volver al origen de forma segura. No es extraño que las personas que participan en emergencias tengan accidentes cuando retornan a sus bases, fruto del cansancio.

Resulta importante que las personas que participan en una emergencia avisen cuando se encuentren cansadas, para permitir una rotación segura y que la realización de las tareas no se vea perjudicada.

Nunca hay que temer a que los equipos descansen, sino a que se cansen en exceso.


Fuente: Fundamentos para la búsqueda terrestre y perfiles de personas perdidas. Autor: Ander López de Abechuco Martínez de Rituerto. Editorial: Círculo Rojo.

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