La pérdida como una llamada de atención.

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Cuando alguien se pierde, la angustia, el temor a que suceda lo peor, el miedo a no poder volver a estar con alguien… o perderle en definitiva, es algo que se desata en su entorno familiar y de amistad. Es un sentimiento fuerte que motiva que cualquier persona que se pierda deba tratarse como una emergencia. Los grupos de búsqueda, las autoridades y demás asociaciones que se involucran en estas situaciones se movilizan tratando de localizar a la persona lo más pronto posible.

Es un esfuerzo grande, complicado, difícil y emocionalmente puede llegar a ser duro para  las personas involucradas. Si bien nunca hay que juzgar a la persona o su entrono, ese no es nuestro cometido como buscadores, si debemos estar atentos al lado humano de lo que puede suceder, ya que una búsqueda puede encerrar en realidad algo más complicado.

Puede suceder que la búsqueda que estemos acometiendo tenga un trasfondo que si lo detectamos deberíamos comunicarlo a las autoridades para que se trate el problema, ¿a qué tipo de situación me refiero? Pues a que la persona que se ha perdido, lo ha hecho voluntariamente por no saber encontrar otra forma de llamar la atención sobre un problema que sufre y no es capaz de comunicar. Como puede ser que esté sufriendo acoso, abusos o cualquier otra forma de dolor generado por terceras personas que le avergüenza y no es capaz de pedir ayuda de forma directa, por diferentes motivos.

Es una situación muy complicada, un menor que es acosado en su entorno escolar o familiar; una persona que sufre abusos de algún tipo… son situaciones que tienen la dolorosa capacidad de crear un sentimiento de culpa en la persona que lo padece y que les bloquea a la hora de pedir ayuda. Además, en no pocas ocasiones cuando reúnen el valor de comunicarlo o denunciarlo, su entorno o bien no le creen o minimizan el problema; creando un trauma mayor en la persona que sufre el problema, por no saber qué hacer o en quien confiar.

Ese mal trago puede derivar en decisiones duras; como intentar acabar con su vida, auto lesionarse o hacer acciones para llamar la atención, como perderse. En este caso los buscadores es difícil que puedan detectar el problema, eso es cierto, pero si el acercamiento a la víctima es adecuado y empático, es posible que la persona nos trasmita algún mensaje pidiendo ayuda, de forma más o menos clara.

Si tenemos la sospecha de que eso nos ha sucedido, es nuestra obligación como mínimo trasmitir a las autoridades dicha sospecha. Si además le mostramos apoyo y conocemos herramientas disponibles como el teléfono 116 000 de la Fundación ANAR (Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo), el 016 contra el maltrato o el 900 018 018 contra el acoso escolar y se las explicamos; estaremos haciendo algo importante por esa persona.

Es posible que nunca nos encontremos ante situaciones como esta durante nuestra actividad como buscadores, pero eso no es óbice para que siempre estemos atentos a situaciones extrañas y nuestra ayuda no se centre en únicamente localizar a la persona, sino ayudarla si nos es posible.

Por ello este pequeño artículo, para recordar que no siempre es lo que parece y que como personas, cualquiera puede detectar algo que pueda ayudar a otra persona. Estemos atentos y suerte siempre que participemos en una búsqueda, un trabajo serio y formado es la mejor garantía de éxito.


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